lunes, 30 de agosto de 2010

Lima, Setiembre 2,010

El proceso del arte en el Perú no pudo ser mermado en su continuidad con aquel arte importado de Europa, una estética copiada de técnicas y materiales novedosos implantados a fines del siglo XVI con la escuela sevillano-flamenca. En ella participó el artista indígena sumándose en los talleres y agregando su propia imaginería a los cánones europeos, destacando el aporte de Felipe Guamán Poma de Ayala como el hecho más auténtico de la historiagrafía americana. Serán las acuarelas del mulato Pancho Fierro (1803-1879) en que el arte popular renace como identidad, lo asumirá posteriormente Francisco Laso (1823-1869) con sus célebres “pascanas”.

Con la presencia de José Sabogal (1888-1956) y el grupo Indigenista el arte nacional se revitaliza, se reafirma, pero es, con el cajamarquino Mario Urteaga (1875-1957) el ejemplo a seguir quien hizo la obra más llena de pureza, de luz y de verdad en la pintura. Nadie ha pintado como él al campesino. De los años, 1945 al 69´ el arte se manifiesta de manera totalmente informal prevaleciendo estilos esnobistas foráneos. A partir del 70´ el informalismo decae sin dejar de notar su presencia en algunos artistas, se aprecian propuestas diversas como: el realismo, el neo-indigenismo con variantes andinos, hasta expresiones conceptualistas de temas evasivos de la realidad a consecuencia de la globalización del Arte.

En Presencia Andina están los Artistas que destacan por su independencia frente a las corrientes dominantes, aquellos que asumen sobre sus hombros la continuidad de la estética; apropiándose del tema indígena como modelo, porque ellos provienen del Perú profundo y sienten al campesino, han dialogado y aprendido de ellos, y es más, han capturado para siempre su espectro para el arte. Postura digna y destacada, porque se nutren de los andes misterioso, fascinante, dinámico y vital. Una potente y variada expresión raigal se desprende de sus obras que se muestran dentro de rigurosos patrones artísticos -calidad, creatividad y estilo-.

Por tanto, ser artista andino es formar parte de aquellos elegidos que buscan en el sustrato expresarse con libertad, aquellos que nos indican el camino de identidad trazado por nuestros ancestros. En sus pinturas apreciamos a sublimados personajes rodeados de pulcros parajes. Hacen suyo el prototipo cultural, la geografía circundante, el espacio, la actividad que lo anima, y responden con propiedad el reto asumido, si es que de identidad del arte se trata.

MIGUEL CAMARGO

ALEX CASTRO

CARDAC

QUISPEJO

VICTOR SALVO